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“Venid a un lugar aparte…”



La hna. Isabel Ardanza, Carmelita de la Caridad de Vedruna, nos ha invitado a reflexionar y orar sobre “los signos de los tiempos desde la realidad interna de nuestras instituciones y su sintonía con algunos gritos de auxilio de nuestro mundo”.


Compartimos algunas cosas que se nos quedan dando vueltas en el corazón:

  • La realidad interna de nuestras instituciones es un signo de los tiempos, probablemente el más importante para nosotras. Ha llegado el momento de reconocer y acoger nuestra realidad de reducción para que, desde ella, dejemos que el Señor nos vaya mostrando qué necesita de nosotras hoy, para qué nos está preparando.

  • No se trata de heroísmos. El seguimiento de Jesús no es para superhombres o supermujeres, sino para pobres que confían en el Señor: los que confían en el Señor reciben fuerzas nuevas (Is 40,31).

  • ¿Desde Quién adquiere sentido en este momento lo que vivo y mi pertenencia congregacional, a pesar de que ya no responda a las glorias apostólicas y al ideal comunitario que en ella había proyectado o lo que yo esperaba de ella? Soy FMMDP porque así y aquí el Señor me llama a amar y servir: obediencia de amor.

  • Hemos de volver de nuevo a las fuentes, pero centrándonos en la raíz de la experiencia espiritual de nuestras fundadoras, mucho más honda y permanente que la actividad apostólica en que esa experiencia terminó traduciéndose.

  • Si la experiencia de reducción es un signo de los tiempos, hay que afirmar que no puede ser una dificultad para que vivamos el seguimiento radical de Jesús y nuestra misión hoy, sino, al contrario, un lugar teológico donde el Señor se nos hace presente, nos llama y nos envía, no a pesar de la reducción, sino precisamente a través de ella, gracias a ella.

  • Gritos mudos de auxilio en nuestro mundo: el sinsentido que amenaza y destruye la vida, las obsesiones que rompen la vida de los hombres y mujeres, la irrelevancia de Dios. Nos conciernen a nosotras, Vida religiosa que atraviesa la noche de la reducción y sabe de la fidelidad de Dios. Podemos ofrecer una palabra de esperanza, de cuidado de la vida, y de fe. ¿La tenemos?

Confiamos, estamos en buenas manos, las del Padre. “Amaos como Yo os he amado… para que el mundo crea”.


Vamos juntas. “Animo, las que estén dispuestas al sacrificio por amor de Dios, queden conmigo” (María Ana Mogas).

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